LA DIETA MEDITERRÁNEA, LA APORTACIÓN CIENTÍFICA CONTEMPORÁNEA.

La Dieta Mediterránea, por su composición y como indica Serra Majem – presidente de la Fundación Dieta Mediterránea- , “se caracteriza por la abundancia de alimentos vegetales, como pan, pasta, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos (yogur, quesos) y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas y aportes diarios de vino consumido generalmente durante las comidas.” y añade, valorando científicamente este dieta: “Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuado.

La Dieta Mediterránea, por su composición y como indica Serra Majem – presidente de la Fundación Dieta Mediterránea- , “se caracteriza por la abundancia de alimentos vegetales, como pan, pasta, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos (yogur, quesos) y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas y aportes diarios de vino consumido generalmente durante las comidas.” y añade, valorando científicamente este dieta: “Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuado.
A los beneficios de su bajo contenido en ácidos grasos saturados y alto en monoinsaturados, así como en carbohidratos complejos y fibra, hay que añadir los derivados de su riqueza en sustancias antioxidantes”.

La Dieta Mediterránea, por su composición y como indica Serra Majem – presidente de la Fundación Dieta Mediterránea- , “se caracteriza por la abundancia de alimentos vegetales, como pan, pasta, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos (yogur, quesos) y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas y aportes diarios de vino consumido generalmente durante las comidas.” y añade, valorando científicamente este dieta: “Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuado. A los beneficios de su bajo contenido en ácidos grasos saturados y alto en monoinsaturados, así como en carbohidratos complejos y fibra, hay que añadir los derivados de su riqueza en sustancias antioxidantes”.

Estas afirmaciones, son hoy posibles gracias a más de veinticinco años de estudios sobre la Dieta Mediterránea llevados a cabo por el Dr. Ancel Keys que según Jean Mayer (reconocida autoridad mundial en nutrición) “no solo hizo grandes descubrimientos sino que además cambió el modo de pensar de científicos, médicos y, finalmente, del público general sobre una de las cuestiones más importantes de nuestra vida diaria, la dieta”. Keys estuvo asistido por un número importante de investigadores. Entre ellos, varios reconocidos investigadores españoles, entre los que cabe destacar al profesor Grande Covián.

Lo cierto es que el impacto que tuvieron, a nivel mundial, las conclusiones que demostraban los beneficios de la Dieta Mediterránea sobre la salud, fueron importantes y contribuyeron a impulsar exponencialmente el interés por esta dieta y en general por el Mediterráneo.
La Dieta Mediterránea lleva milenios reinventándose. Keys que la pudo percibir desde su mirada exterior, intuyó el gran valor de esta dieta y lo demostró científicamente después de un cuarto de siglo de investigaciones. Puso la ciencia al servicio de una tradición milenaria. Este hecho, obviamente, no altera esta tradición sino que la enriquece con una mirada nueva: la científica. Un nuevo aporte de energía externa. Tampoco concluyó Keys ninguna receta mágica, simplemente confirmó científicamente que este saber acumulado a lo largo de decenas de siglos, ese estilo, esa dieta, mediterránea, como él la cualificó – hoy entendemos que de forma lógica – era buena para la salud, para un envejecimiento óptimo, para una mayor longevidad. Hipócrates que practicaba esta dieta, orientaba sus esfuerzos, dos mil cuatrocientos años antes,  en la misma dirección: “debemos procurar que la gente muera joven lo más tarde posible”, decía.

La dieta mediterránea basa su carácter excepcional en la sencillez, en la normalidad, en el ingenio, en la imaginación y en la comensalidad. La dieta Mediterránea es económica en recursos y logra con pocos y sencillos ingredientes, platos nutritivos, sabrosos y apetecibles. Es ingeniosa en el aprovechamiento máximo de las diferentes partes de los alimentos que destina a preparaciones diversas e ingeniosa en preparar con parecidos alimentos platos completamente distintos. Es una dieta cotidiana, probablemente la excelencia de la normalidad, siendo el festín una excepción y estando más cercana a la frugalidad. Podemos decir “vamos a comer”, si somos varios, porque no hace falta ya precisar, puesto que comer es compartir; en cambio solemos decir “voy a comer solo”, porque es un hecho no habitual, en general no deseado y que probablemente consideremos como una excepción del comer.

Desde el siglo XXI y desde los últimos avances en investigación nutrigenómica, el investigador José Mª Ordovás asegura que “la Dieta Mediterránea es una excelente acomodación de la genética de la población mediterránea a las condiciones del entorno, y es fruto de la transmisión, generación tras generación, de unos hábitos alimentarios que garantizan una mayor longevidad. Es la expresión de la adaptación del organismo al medio a través de la dieta”.

Desde siempre, la Dieta Mediterránea, incorpora, generación tras generación, las novedades o los cambios que cada uno de estos períodos trae consigo, se enriquece de nuevos matices y prosigue con su bagaje milenario, con incertidumbres y certezas, su andadura hacia el futuro. Porque como escribía Ortega y Gaset, las obras cargadas de tradición están cargadas de futuro. Paul Balta, cuando habla del Mediterráneo como “el futuro del pasado”, expresa hoy, en clave mediterraneista, la misma idea.